Todo el cielo de la tierra parece entrar en ardor bajo esta luz azul, el azul del amor de Jesús.

Es la luz del amor que surge de la verdad, que se esparce por todas partes, y ante Él cada persona está ante la verdad de la luz.

Luego veo la estrella de Belén y al mismo tiempo el cometa, están unidos.

Luego veo el cometa, que poco a poco se ve envuelto por diversas envolturas, que provienen de la materialidad, su acercamiento material y terrenal se hace cada vez más preciso, y exactamente a la hora querida por la voluntad del Padre aparecerá en vuestro cielo, llameante, un signo de esperanza para algunos y un signo de dolor y desesperación para otros.

El eco de un poderoso trueno resuena a su alrededor y se hace cada vez más notorio en la materialidad, todo parece ser rapeleado hacia al lado en la pesada materialidad de la tierra ante su apariencia.

La luz que emana del cometa es de un blanco ardiente y la cola del cometa emite la misma luz azul del amor que se origina de la verdad.

Numerosos seres elementales extraen de las radiaciones que emergen de él y continúan su marcha a su lado, fortaleciendo o transformando todo lo que lo rodea.

Del cometa emerge una atracción cada vez más creciente, y todo es atraído por él, ya sea para fortalecerse y nutrirse en él o para chocar con él y ser rechazado.

La compulsión emerge de él a través de las radiaciones que salen disparadas de él, como caballos al galope, todo lo que no está de acuerdo con las leyes de la voluntad es volcado y rechazado, y todo lo que vibra en las leyes de la voluntad se vuelve levantado y fortalecido.

De él emana una fuerza magnética que atrae a los cuatro elementos, estos cuatro elementos que trabajan en conjunto con él.

Od-Shi-Mat-No-Ké.