Se trata de microorganismos que pertenecen a cinco grupos diferentes: bacterias fotosintéticas, bacterias lácticas, levaduras, hongos y actiomicetes; o más concretamente, a 80 especies de entre diez géneros de los cinco grupos mencionados. Todos ellos son beneficiosos para humanos y plantas, y se obtienen directamente de la naturaleza.

La mezcla se compone de tres tipos de microorganismos: las bacterias anaeróbicas, cuyo metabolismo origina una fermentación; las bacterias aerobias, que provocan la descomposición de la materia orgánica mediante el oxígeno, originando un olor muy intenso, y las neutrales, que pueden comportarse tanto como bacterias anaeróbicas como aerobias.

Todas ellas pueden reposar en un medio ambiente con un pH de 3,5 sin destruirse mutuamente. Al devolverlos a la naturaleza, los microorganismos efectivos se alimentan entre otros de sustancias como nitrógeno, metano, amoniaco y sulfuro de hidrógeno, y producen oxígeno, aminoácidos, ácidos orgánicos, polisacáridos y vitaminas que contribuyen al crecimiento de plantas y animales. Las características de las distintas especies presentes en la mezcla se estimulan mutuamente, obteniendo un equilibrio óptimo. Además, los resultados incluyen un aumento del nivel de antioxidación, es decir, actúan como inhibidores del proceso de descomposición oxidativa, que va provocando el deterioro a través del oxígeno activo (radicales libres).